Sydney, un extraño joven en la misma extraña situación que Lucian. Custodiado por Tol Rauko en una celda sellada mágicamente -aparentemente por voluntad propia-, los resultados de los análisis realizados a Sydney por los Oráculos parecían guardar una preocupante similitud con los del chico de Chaville. El enigmático joven se dirigió a Lucian como "hermanito".
Al poco tiempo, Nyzesnel procedió a sobrecargar las resistencias sobrenaturales de la fortaleza de Tol Rauko, aprovechando la confluencia de dos presencias demasiado poderosas como para permanecer juntas en un mismo espacio: la de Sydney y Lucian. Una vez liberado de su cautiverio, tomó posesión de la fortaleza junto con Nyzesnel y un gran ejército de brujos y sectarios. El castillo fue reducido a cenizas, pero antes Sydney consiguió robar una gran roca a la que llamaban "catalizador", que brindaba a la fortaleza de Ilmora el apoyo sobrenatural necesario para mantener su seguridad.
Hasta ahora poco es lo que se sabe de Sydney; quién es, qué quiere o cuál es su relación con Nyzesnel. Puede intuirse que guarda alguna similitud supra-terrenal con Lucian, y que está involucrado de alguna forma con La Orden, la misma que parecía ir tras la pista de Mostraud. Al parecer, su aparición se remonta a pocos años atrás, y la Oráculo Nyzesnel estuvo implicada en el suceso. Corren rumores sobre un pueblo que ya no existe, sobre unas minas selladas y un sinfín de relatos de lo más rocambolescos.
Pero si hay algo que Lucian siempre recordará de Sydney, serán sus últimas palabras antes de desaparecer entre las llamas: "No tengo intención de llevarte a la fuerza, hermanito. Al final, tú vendrás a mí".


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