Según sus palabras, buscaban a Aizen para hacerle pagar por el más atroz de los crímenes: el asesinato de un Dios. El joven forjador de armas accedió a acompañarles a cambio de la seguridad de Daemona, aunque ésta recientemente ha recibido noticias que le inducen a pensar que su maestro finalmente logró escapar. Ahora, se ve obligada a huir de su hogar por miedo a que los dos guerreros vuelvan para cobrarse las deudas pendientes.
Dae ignora cuál es la historia detrás de Aizen y los hombres que desean su muerte. En realidad, sólo hay una cosa de la que está segura: de que espera no volver a verse las caras con ellos.


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