
Aizen es un maestro artesano de las armas que reside actualmente en Chaville. Aizen vive solo y rara vez se le ve en compañía de alguien que no sea un cliente, o un socio de gremio. Esencialmente se dedica a forjar excelentes armas de ornamentación para los nobles de la zona, por lo que se cuida de dar un aspecto único y fabuloso a cada uno de los filos que le encargan. Muchos le recuerdan de años pasados, siempre en la misma casa a las afueras de Chaville, con su herrería a mano en el taller adyacente. Si alguien pregunta por Aizen el forjador en cualquier parte de Gabriel, seguramente podría obtener algunas respuestas. Pero de Aizen sólo se atisba lo superficial. En realidad, nadie sabe cuándo llegó a Chaville, ni de dónde vino. Simplemente, una mañana cualquiera, ya estaba allí. El trabajo duro de muchos años le ha brindado una fama propicia, llegando incluso a recibir encargos de algún Señor de la Guerra. A pesar de que debe de haber ahorrado una pequeña fortuna, el armero no planea una vida más lujosa ni cómoda. Le gusta su forja rodeada de bosques, su casa de madera y las cenas frugales. El único lujo que se ha permitido en todos estos años ha sido un modesto patio de entrenamiento que hizo construir en la zona trasera del hogar.
Además de maestro forjador, el enigmático joven posee una excelente habilidad en la lucha armada, lo cual no supone ningún secreto en Chaville, al haberse proclamado ya campeón de varios torneos anuales de esgrima. Estos eventos son prácticamente el único pasatiempo conocido de Aizen, y su mera presencia en los campeonatos hace que sus rivales tiemblen de impotencia.
Hace siete años se encontró con la joven Daemona. La niña estaba empapada bajo la lluvia, perdida en el bosque. Algo debió de palpitar en el corazón del hombre aquella noche, pues le consintió quedarse con él hasta que descubriera quién era, o de dónde venía. Lamentablemente, poco pudieron averiguar, y los meses fueron pasando sin ninguna respuesta. Hoy día, Aizen sigue viviendo con Daemona como ayudante y aprendiz de combate. En cierto modo, al joven forjador le venía bien algo de compañía. Y la niña de los cuernos resultó adaptarse bastante bien a su ideal de amistad.
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