Desde pequeña ya conocía sus extraños poderes. Podía mover objetos sólo con pensarlo, saber lo que pensaba la gente o generar pequeñas descargas eléctricas con sus dedos. Desconoce qué son, o sin son buenos o malos, pero por prudencia los mantiene en absoluto secreto. Aunque eso no le impide divertirse un poco cuando cree que nadie la mira. Tener algo que sólo ella conoce la hace sentirse especial, en cierto sentido. Y la corte, al fin y al cabo, es un buen lugar para aprender a mantener las apariencias de una niña de alto linaje normal y corriente.
Alice también tiene un hermano. Se llama Setzer, y hace seis años que no lo ve, y antes de eso, también habían pasado muchos años de su ausencia. Cuando tenía 8 años, Alice dio con sus pasos en una antigua casa en la que se encontraba su hermano. Setzer trató de mostrarle algo, pero su padre apareció junto con sus guardias personales y se abalanzaron sobre el chico antes de que ella pudiera hacer o ver nada. Uno de los soldados la sacó del lugar y nunca volvió a saber de su hermano mayor. Su padre no habla del tema. Es más, tiene absolutamente prohibido nombrar a Setzer en presencia de sus padres. Alice ha tratado de olvidar, aunque el gran secreto que rodea aquel acontecimiento siempre ha sido una espina imposible de extraer.


Publicar un comentario